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Artículos: Dieciocho años del e-learning en España
eLearning enebral escribió "Un resumen detallado del elarning en España desde sus primeros pasos hasta hoy.

Uno tuvo la suerte de dedicarse -como algunos otros profesionales de nuestro país- a esto del aprendizaje por ordenador ya en 1986, colaborando con compañeros de Standard Eléctrica. Había allí un equipo de personas encargadas de contribuir a que el progreso técnico se pusiera al servicio del aprendizaje continuo en las empresas; pronto empezamos a diseñar, para diferentes clientes, módulos de lo que entonces conocíamos como "Enseñanza Asistida por Ordenador (EAO)". La verdad es que la inquietud por las nuevas tecnologías y metodologías educativas ya nos había surgido en los años 70, mientras trabajábamos en la división de Formación del Centro de Investigación ITT de Madrid. Pero sí: diríamos que el aprendizaje por ordenador comenzó en España entrados los años 80, y que el nuestro fue uno más entre diferentes brotes paralelos. Quizá algún lector pueda remontarse más atrás y desee relatar su experiencia: aquí va la nuestra, tal como este consultor la recuerda.

Los años 80

Al comienzo de los años 80, en el panorama de la información, el conocimiento y la comunicación, podía hablarse por separado -como si no tuvieran todavía mucho que ver- de sectores de actividad tales como la Telecomunicación, la Informática, la Prensa, la Televisión, la Enseñanza, la Industria Editorial, la Electrónica doméstica, y quizá otros; pero el avance de la tecnología electrónica e informática fue abriendo expectativas de solape y desarrollo sinérgico de todos los mencionados sectores. Fue en esos primeros años de la década cuando comenzó a popularizarse el PC -el ordenador personal- y el consiguiente concepto de interactividad o comunicación hombre-máquina (ya manejado entonces con grandes ordenadores). La aparición del PC abría la puerta al aprendizaje individualizado por ordenador, y esta circunstancia no tardó en ponerse de manifiesto. El lector relacionará aquí el nuevo método interactivo con lo que hasta entonces se conocía como enseñanza programada.

Centrados en el aprendizaje por ordenador y aunque pensando concretamente en el panorama español, uno se remonta a 1986. Entonces, junto a otras personas encargadas de la investigación y desarrollo de nuevas tecnologías y metodologías educativas, habíamos empezado a contactar con expertos fuera y dentro de nuestro país, y tanto en el sector privado como en el público; recuerdo algunas empresas e instituciones con las que compartíamos objetivos de I+D: Sony, Fundesco, Philips, NIVC (en Londres), NCR, Creatividad y Tecnología, Videar Multimedia, Instituto Cibernos... Tuvimos ocasión de intercambiar inquietudes con personas de la Administración, con fabricantes de herramientas y equipos, con clientes interesados y con colegas de otras consultoras e instituciones.

Nosotros suministramos ya un primer producto de EAO a Telefónica de España en 1988; puede decirse que entonces trabajamos en equipo con su área de Formación (Sr. Franco, Sra. De la Viesca, Sr. Cabanes...). Aquel primer curso constaba de 11 floppies con sus correspondientes manuales de estudio, pero no me atrevo a confesar el número de meses que su diseño nos ocupó, empezando por la familiarización con el software de autor. En ese momento no supimos de otros proyectos similares en el sector privado (aunque no los descartamos), pero sí se hacían cosas interesantes en el Ministerio de Educación. También seguramente por entonces (mediada la década de los 80), se empezó a trabajar en España con vídeo interactivo. Nosotros enviábamos las cintas a Gütersloh (Alemania) para la estampación de aquellos discos, ópticos pero analógicos, de 30 cm, y utilizábamos equipos de Sony para las estaciones de usuario. No habiendo tenido contacto previo con el mundo del vídeo, las noches prolongadas en los estudios de grabación supusieron una novedad. Conocimos a profesionales que nos impresionaron por el entusiasmo que ponían en su trabajo (Karma Audiovisuales), y nosotros mismos experimentamos nuevas emociones como nacientes artesanos de los sistemas interactivos multimedia. Desarrollamos proyectos de videodisco interactivo para Alcatel (1988), para la Sociedad Estatal del Quinto Centenario (1989), para Retevisión (1990)...

Digamos, abreviando, que, en aquellos primeros años, las empresas presentes en el negocio de la Enseñanza Asistida por Ordenador eran contadas: siempre nos veíamos los mismos, cuando acudíamos a ferias o conferencias, dentro y fuera de España. Y recordemos asimismo que desde la Comisión de las Comunidades Europeas (DGXIII) habían surgido los Programas Europeos de Investigación y Desarrollo de las Tecnologías de la Formación/Información. Nuestra empresa participó como contratista principal en el Proyecto Latino del Programa COMETT, y posteriormente en proyectos de los Programas IMPACT, RACE, DELTA, EuroPACE, EUROTECNET y PRONET, entre otros. No me acuerdo de todo, aunque sí de Vicente Parajón, Director General de la DGXIII, con quien compartimos objetivos y empeños. Estos proyectos de impulso tecnológico, como se recordará, continuaron en la década siguiente.

Los años 90

Todos pensábamos, al principio, que la difusión del aprendizaje por ordenador sería muy rápida; no fue así, pero el empeño de las empresas productoras de cursos no cejó. Algunas oportunas ayudas oficiales nos permitieron seguir todavía de cerca el avance tecnológico, pero también habíamos empezado ya -todos los docentes apostantes por el nuevo método- a desarrollar una sensibilidad por la psicología del aprendizaje multimedia, luego más seriamente estudiada por expertos como Bernard Luskin. En efecto, ante las crecientes posibilidades del software y el hardware, se nos abría el reto de poner la tecnología al mejor servicio del aprendizaje, y éste demandaba alguna sensible dosis del arte o magia del buen docente. Esta magia del buen profesor no podía ser sustituida por alardes tecnológicos: resultaba decididamente imprescindible.

Recupero un párrafo que escribí en los primeros años 90: "Hay ciertamente una técnica de utilización del medio (del mismo modo que hay, si se acepta el ejemplo, una técnica de hacer cine que va más allá de seguir un guión). En su diálogo, el alumno es sensible no sólo a las ideas que intercambia con el ordenador y al lenguaje que se utiliza, sino también al cromatismo empleado, a la semiótica propia de la pantalla (símbolos, gestos, etc.), a la conjunción y sinergia de los media, al reto de aprendizaje que percibe... El alumno agradece en el ordenador un feedback bien formulado, alguna medida de stroking o refuerzo emocional, una cierta empatía y hasta algún punto de complicidad; en definitiva, ha de producirse una inteligencia mutua entre alumno y ordenador. El alumno debe aprender de manera eficiente y debe sentirse satisfecho mientras lo hace. El método conseguirá fidelizar a muchos de nosotros, si estas condiciones se cumplen". Estas cosas y otras decía este modesto docente hace diez años, pero, aunque se pueda añadir mucho más, aún me parecen vigentes.

En los 90 se empezó a hacer productos en CD-I: por ejemplo, el proyecto "500 años después", para la Sociedad Estatal del Quinto Centenario. También se hicieron bastantes cosas interesantes en CD-Rom: por ejemplo, el proyecto LETRA, del Programa ATENEA del Ministerio de Educación. Paralelamente, se hacían productos sin vídeo, registrados ya en los disquetes actuales de 3 pulgadas. Naturalmente, y aunque tenga tendencia a hablar de los productos que viví más de cerca, había ya, en la primera mitad de los años 90, numerosas empresas e instituciones haciendo cosas importantes: Anaya Interactiva, Telefónica I+D, Chadwyck-Healey, BSI Multimedia, Espasa Calpe, Zeta Multimedia, Creatividad y Tecnología, Edicinco, FYCSA... Ya entenderá el lector que hago un esfuerzo de memoria y no un tardío estudio del mercado. Pero hasta aquí todo es información o formación off line o, digamos mejor, aprendizaje off line.

En la segunda mitad de esta década, empezó a extenderse el uso de Internet en las empresas de sectores vinculados a la tecnología, y pronto llegaría el aprendizaje on line. A decir verdad, quizá pueda hablarse de una fase de transición. Nos parece que los campus virtuales llegaron antes que los cursos on line, pero alguien podrá aportar otros recuerdos. Cabe admitir que vivimos, al final de los 90, una fase en que los cursos se seguían off line, pero los alumnos encontraban en los campus virtuales una recreación del marco de relaciones característico de la formación presencial.

Años 2000-2003

Al comenzar el siglo, las grandes empresas (de TMT, Banca, Servicios...) parecían haber apostado decididamente por el aprendizaje on line, incorporando los cursos a sus intranets o redes corporativas, como complemento o alternativa a la tradicional formación continua presencial. Eran ya miles y miles de directivos y trabajadores, de diferentes grados de cualificación profesional, las que se habían sumado en España a este método de aprendizaje autoconducido que ya denominábamos e-learning. Alguna opinión como usuario -que también lo he sido- formularía sobre estos primeros años de visible despegue del método: la calidad didáctica parecía mejorable. Quizá la prisa por disponer de productos se imponía sobre el cuidado de que fueran buenos.

Sobre esto de la calidad de los contenidos, venimos leyendo opiniones diversas. Leí un libro al respecto, editado por AEDIPE en 2003. José Ignacio Díez, Consejero Delegado de FYCSA, sostenía entonces: "Los contenidos han sido magnificados durante estos tres o cuatro años pasados, sin que se entienda muy bien la razón. Es obvio que cuanto más atractivos sean y mejor se hayan desarrollado pedagógicamente, mayor será su aceptación por los alumnos; pero no está claro que ésta sea la clave del autoestudio". Y continuaba: "Quien más y quien menos se ha visto obligado a adquirir conocimientos complejos con medios precarios. Recordemos la universidad (...) con las fotocopias de los apuntes del más estudioso de la clase: contenidos más precarios, imposible".

El mismo libro (e-Learning: las mejores prácticas en España) recogía opiniones sensiblemente distintas -partidarias de una buena calidad de los contenidos de los cursos on line, en beneficio del aprendizaje y de la consolidación del método-, formuladas por directivos de empresas que habían implantado ya el e-learning: AENA, Alcatel, Oracle, Caja Madrid, IBM, Endesa, Ferrovial, UOC, SCH.... Pero también cabe destacar las declaraciones de Carlos Pelegrín, Director de Desarrollo y Formación de Telefónica de España: "Lo cierto es que los mejores resultados pueden alcanzarse con contenidos de calidad media, al tiempo que los contenidos excelentes no garantizan absolutamente nada, incluso pueden conducir al fracaso". Carlos Pelegrín negaba, en el mismo prólogo del libro, que hubiera una alta correlación entre los contenidos, por un lado, y el crecimiento y triunfo del e-learning en la empresa, por otro.

De modo que en 2003, quizá viendo que las cosas no iban todo lo rápido que se había previsto en el sector, surgían opiniones diversas. Se diría que unos vinculaban el crecimiento del e-learning con la calidad de los productos ofrecidos, y otros relativizaban la importancia de la calidad de los mismos, y medían el éxito por índices como el start rate y el end rate, al margen de la eficacia del aprendizaje. Se diría, en general, que las empresas, después de su inversión en plataformas, tenían prisa en difundir el e-learning entre sus empleados, y que quizá este objetivo primaba a veces sobre el propio aprendizaje.

Año 2004

En el año 2004, hemos conocido un estudio de Santillana Formación que viene a destapar la insatisfacción de los usuarios. La mayoría de éstos señala que el e-learning no está aportando nada -o muy poco- a la mejora del desempeño, y que falla tanto la tecnología como la calidad de los contenidos. De modo que la satisfacción mostrada estos años por las áreas de formación de las grandes empresas, no parece coherente con la ya visible frustración de los usuarios; puede que fallen las encuestas, pero el lector tendrá su propia opinión al respecto. Por otra parte, otros estudios, incluso de carácter internacional (pienso concretamente en uno de Accenture), nos insisten en que los usuarios no están satisfechos de la formación que se orquesta en las empresas.

Tenemos otros síntomas de que las cosas no van bien para el e-learning en nuestro país. Los proveedores culpaban este verano a los clientes de los fracasos o "pinchazos" experimentados en algunos proyectos: "Estos directivos no se dejan asesorar por las consultoras que contratan y, al final, pasa lo que pasa", sostenía precisamente José Ignacio Díez, de FYCSA Otros proveedores (Epise, PwC, Tea Cegos, Development Systems, Doxa...) denunciaban que las grandes empresas compran, al parecer, por precio, y no por calidad... Por otra parte, visto que el e-learning no funcionaba satisfactoriamente, se empezó a defender el blended learning ya en 2002, presentando entonces al aula como complemento necesario; hoy, en 2004, oigo hablar más a menudo del e-learning como complemento del aula, y no tanto al revés... Así se lo escuchaba decir a los ponentes en una mesa-debate reciente a la que asistí en Cesma (escuela de negocios).

Futuro

Más que adolescente de 18 años, diría yo que el e-learning se nos muesstra adoleciente. Adolece de falta de calidad y eficacia en los productos y servicios de que consta; adolece de cierta confusión e inmadurez, que podría curarse de forma casi natural... Hay que hacer un esfuerzo de sintonía con los usuarios, importantísimos agentes éstos que quizá hayan sido olvidados un poco hasta ahora. Creo que las áreas de formación, instaladas sus plataformas, han tenido mucha prisa en llenar los depósitos, y que los proveedores han optado, muy legítimamente, por servir a sus clientes de las áreas de formación, y no tanto a sus clientes más lejanos, los usuarios. El lector puede asentir o disentir, porque no se debe generalizar: cada empresa sería un caso a estudiar; además mi punto de observación es, créanme, bastante limitado: lo formulo para estimular el suyo, estimado lector que haya llegado hasta aquí.

El hecho es que, pasada la fiebre primera, se deberían hacer las cosas de modo más meditado, y sin perder de vista al usuario. Ya digo que caben otras opiniones, pero lo de estimular el seguimiento de los cursos on line mediante puntos o créditos, me sabe más a coacción que a motivación. En esto del aprendizaje, si me permiten la contundencia, no cabe más motivación que la intrínseca... Impulsen las áreas de recursos humanos el autoconocimiento y la autocrítica de sus personas, descúbranles las ventajas del aprendizaje y los riesgos del estancamiento, ofrézcanles productos y servicios de calidad y eficacia... Desde luego, hay que contar con que las personas deseen aprender, y que enfoquen a ello su atención y esfuerzo.

La madurez del e-learning puede -ya veremos- traernos una muy distinta cara del mismo. Yo ya me he permitido decir cosas tales como que, para aprender, prefiero un texto lineal interesante, extraído por impresora, que un curso interactivo, superfluo, que nada me aporte, por mucho aparato gráfico de que se vista... Es verdad que las personas deben desear sólidamente su propio aprendizaje y desarrollo, pero las áreas de formación deben facilitarlo con productos y servicios de calidad (entendida como eficacia didáctica), que no desmotiven o frustren; de otro modo, quizá no se necesitarían áreas de formación, o no como las hemos conocido. Brindemos por un futuro del e-learning satisfactorio para los usuarios, para las áreas de RRHH, para las empresas... y para los proveedores.

José Enebral Fernández
Consultor de Formación"

 
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