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Artículos: El conocimiento explícito: una nueva leyenda urbana
eLearning Leyenda urbana:
* Aparece misteriosamente y se propaga espontáneamente en diversas formas.
* Contiene elementos de humor o de horror (el horror frecuentemente "castiga" al que se burla de las convenciones sociales).
* Son buenas historias para contar.
* NO tienen porque ser falsedades, aunque la mayoría lo son. Las leyendas urbanas se basan frecuentemente en hechos, pero es su vida más allá del hecho (particularmente con respecto al segundo y tercer punto) lo que les confiere su particular interés.
(http://www.urbanlegends.com) (traducción del autor)

Los artículos y documentos sobre gestión del conocimiento parten siempre el mismo postulado: hay dos tipos de conocimiento, el tácito y el explícito. El primero no puede expresarse porque la mayoría de las...

...veces ni la misma persona que lo posee es plenamente consciente del mismo. En cambio el co-nocimiento explícito puede ser articulado por el sujeto y normalmente le resulta posible expresarlo en forma textual o gráfica. En términos generales se acostumbra a decir que el conocimiento explícito puede ser procesado por sistemas informáticos, y que puede ser codificado y/o archivado o distribuido por la organización. El conocimiento tácito, en cambio, resulta según las fuentes o imposible o difícil de transferir. La frase más citada, normalmente sin indicar el origen, es que "conocemos más de lo que pensamos".

De forma sucinta, esta es la interpretación oficial acerca del conocimiento que se repite sin mayor aná-lisis en la mayoría de textos, supongo que porque se considera una verdad establecida. En pocas oca-siones se encuentra alguien que muestre algún reparo ante las inconsistencias de base que asoman en cuanto se reflexiona un poco sobre la cuestión. Tampoco aparece nadie que ofrezca una alternativa a la "doctrina" oficial, a pesar de los problemas que se encuentran cuando se desea implementar estas ideas en la práctica.

Cada vez que me tropiezo con todo esto, no puedo evitar pensar en las leyendas urbanas. Seguramente todo el mundo conoce la historia de que en las cloacas de Nueva York vive una extensa colonia de co-codrilos. Según se dice, esta colonia se originó al poco tiempo de imponerse la moda de tener cocodri-los recién nacidos como animales de compañía. La originalidad inicial dejaba de ser divertida en cuan-to los animalitos empezaban a crecer y la gente terminaba por desembarazarse de ellos tirándolos por el inodoro. También es muy conocida la historia del autoestopista desaparecido. Estas y otra muchas historias son leyendas urbanas.

Hay muchas más historias de este tipo porque parecen tener un extraño y poderoso atractivo para la mayoría de la gente. Tan fuerte que una búsqueda en Google de "urban legends" ofreció 16.000.000 referencias. Quizás la gente no llegue a creerse realmente estas historias, pero la evidencia demuestra que se repiten y propagan rápidamente. Lo que caracteriza las leyendas urbanas se indica en la cita re-señada al principio (obtenida de un sitio web dedicado al tema), es decir: a) es algo que ha aparecido misteriosamente, b) se ha propagado espontáneamente en diversas formas, c) es una historia muy bue-na para contar que ha dado muy buenos réditos a multitud de autores, y, finalmente, d) si se basa en algún hecho, nunca se dice cual es.

Para saber si la interpretación expuesta más arriba acerca del conocimiento explícito es o no una le-yenda urbana basta con ver si cumple estas condiciones. La primera condición establece que debe ser algo cuyo origen es desconocido, o al menos incierto. Y así es. Claro que hay muchas referencias don-de se menciona el conocimiento explícito. Pero es necesario que exista una justificación científica ini-cial o al menos una sólida exposición conceptual. No digo que no exista pero me ha resultado imposi-ble, después de mucho tiempo y consultar centenares de citas, encontrar el texto original donde se de-muestre de forma clara y concluyente qué es el conocimiento explícito.

En cambio, he encontrado multitud de citas que tratan la cuestión como si fuera algo tan evidente que basta con mencionarla, sin mayor explicación. Retrocediendo hacia el pasado se destaca una referencia que quizás no sea la más antigua, pero que seguramente es una de las más influyentes en el campo del conocimiento explícito y que, por tanto, podría ser el origen de la leyenda. Se trata del artículo de Iku-jiro Nonaka, "The Knowledge Creating Company", publicado en The Harvard Business Review en el año 1991. Ha sido también autor, junto con H. Takeuchi, de un libro del mismo título publicado en 1995. En ambos habla de los dos tipos de conocimiento tácito y explícito, y en ese momento incluye la siguiente referencia, casual y algo fuera de contexto, de un filósofo llamado Michael Polanyi y que dice: "Sabemos más de lo que pensamos".

No hay en todo el artículo ninguna justificación de todas las propuestas que se postulan, pero ello no le impide lanzarse a construir una interpretación de cual es la mejor forma en que las empresas deben manejar sus activos intelectuales. Por ejemplo, clasifica las cuatro diferentes formas de creación de conocimiento dentro de la empresa, a saber : crear conocimiento tácito a partir de conocimiento tácito, conocimiento explícito a partir de conocimiento explícito, conocimiento explícito a a partir de tácito y, finalmente, conocimiento tácito a partir de explícito. El resto del artículo analiza las formas en que la empresa puede aprovecharse de todo esto sin otra justificación que esa mención al filósofo Michael Polanyi, y como el artículo no incluye ninguna referencia al final, parece dar a entender que los con-ceptos de conocimiento tácito y explícito provienen de sus trabajos.

¿Puede considerarse esto un origen misterioso? Decidan ustedes por si mismos, pero por mi parte el artículo no solo no despejó ninguna de mis dudas, sino que además me creó otras muchas (aparte de otros aspectos del texto que no superaron mi espíritu crítico). Mi esperanza fue pensar que en los escri-tos de Polanyi encontraría una explicación aceptable del conocimiento explícito.

Polanyi nació y se educó en Hungría y se graduó en medicina en 1931. Después de distinguirse como químico teórico, tanto en Hungría como en Inglaterra, evolucionó sus intereses hacia la economía y la filosofía social. Después de la Segunda Guerra, ya aposentado en Inglaterra, intensificó su dedicación exclusiva a la filosofía y publicó varios libros sobre cuestiones epistemológicas.

Leyendo a Polanyi se hace inmediatamente evidente que el problema de la cita de Nonaka es que el pensamiento de Polanyi tiene una orientación completamente diferente de la que él da a entender. Para Polanyi el conocimiento es eminentemente subjetivo, es decir, todo el conocimiento es tácito. El obje-tivo primordial de los trabajos de Polanyi era el de contradecir el énfasis en el objetivismo del pensa-miento epistemológico moderno, especialmente en lo que respecta al conocimiento científico, y para ello evidenció unos aspectos del fenómeno cognitivo que denominó el "coeficiente personal" y que son propios de todo conocimiento. Insistió en señalar que nunca se pueden articular totalmente las di-versas condiciones y estructuras que hacen posible el conocimiento ya que están embebidas en nuestra experiencia y vida social personal. Es decir, el conocimiento no puede explicitarse porque se trata de realidades mentales (neuronales) y no de objetos conceptuales.

En consecuencia, según Polanyi, hablar de cualquier conocimiento que no sea tácito es impropio. A lo más se puede usar la expresión conocimiento explícito para indicar que, una vez articulado el conoci-miento, se obtiene algo que solo conserva algunos de los elementos del conocimiento original, y que en consecuencia es de naturaleza diferente. La naturaleza de este conocimiento, más explicitado que explícito, no es otra cosa que la información. Expresado brevemente, el pensamiento de Polanyi es que el conocimiento reside en la mente de las personas y está formado por la unión íntima de información y de "coeficiente personal" constituyendo el conjunto la interpretación subjetiva de la realidad que tie-ne cada persona. Al explicitar el conocimiento, lo que se obtiene es solamente una parte de la informa-ción que comprende, porque ¿cómo se puede explicitar el coeficiente personal? Quizás la forma en que los datos se organizan en la información expresada podrá reflejar alguna de las peculiaridades del co-eficiente personal, pero a lo máximo será un débil eco del mismo. De hecho, aunque en sus libros se usa extensamente la palabra tácito, no se habla casi nada de conocimiento explícito. Tan poco que ni se puede encontrar en el índice.

Aparte de que en Polanyi no se puede encontrar ningún apoyo conceptual del conocimiento explícito, conviene recordar además que sus obras son filosóficas y no están destinadas a una aplicación de tipo práctico.

Sigamos con la siguiente condición, la propagación espontánea, que es la que más se cumple. No hay texto sobre la gestión del conocimiento que no hable del conocimiento explícito y de como gracias al mismo se puede manejar (indexar, archivar, transmitir, modificar, etc.) el conocimiento.

Lo mismo ocurre con la tercera condición, según la cual debe tratarse de una buena historia. Es tan buena que constituye el fundamento del cuerpo teórico en que se basan las implementaciones de la gestión del conocimiento. En pocas palabras, lo que pretende hacer la gestión del conocimiento es "explicitar" el conocimiento y "gestionarlo" con el fin de mejorar la operación de empresas y organi-zaciones. Pero esto no es posible. Ya hemos visto que el conocimiento no puede explicitarse. Quizás la persona que más apasionadamente ha expresado su rechazo a la interpretación usual del co-nocimiento explícito es el profesor T. D. Wilson, profesor emérito de la Universidad de Sheffield, en el Reino Unido. En un reciente trabajo del año 2002, empieza por definir el significado de las palabras información y conocimiento, señala la diferencia fundamental que existe entre ambos significados y deja bien claro que no corresponden a conceptos intercambiables. Seguidamente hace un recorrido por las revistas y publicaciones profesionales dedicadas a tratar temas relativos a la gestión del conoci-miento poniendo en evidencia que los autores prescinden de tal diferencia, usando la palabra conoci-miento de forma indistinta para indicar información o conocimiento. En su artículo referencia 106 pu-blicaciones a lo largo de varios años y muestra gran cantidad de ejemplos del uso incorrecto de la pa-labra conocimiento por información. Todo ello le conduce a afirmar que la disciplina de la gestión del conocimiento parte de un fundamento erróneo, cuya consecuencia será la falta de resultados en sus aplicaciones.

La última y cuarta condición se cumple también, o al menos eso creo, porque como ya he indicado an-teriormente, nunca he conseguido encontrar un texto que justifique la existencia del conocimiento ex-plícito, o que al menos ofrezca una razonable explicación de su realidad. Lo cierto es que no creo que exista porque la triste realidad es que el conocimiento explícito no existe más que como una leyenda urbana, provechosa, extendida, sí, pero leyenda al fin y al cabo.

¿Quiere decir esto que la gestión del conocimiento es otra leyenda, que carece de valor como herra-mienta del management? No , no es mi intención afirmar tal cosa. Pero la experiencia nos enseña que no es lógico esperar que resulte de utilidad una interpretación de los hechos que sea arbitraria y sin apoyo en sólidas bases conceptuales. En el entorno corporativo solo tienen cabida las propuestas me-todológicas que parten de unos conocimientos científicamente contrastados. Poco resultado cabe espe-rar de la aplicación de especulaciones o propuestas técnicas sin ningún soporte. Desgraciadamente existe gran cantidad de seudo profesionales que se apuntan al carro de cualquier nueva idea careciendo del menor conocimiento sobre el asunto pero con una palabrería convincente, buscando solo un prove-cho inmediato.

En la constante preocupación para conseguir que las capacidades de los profesionales de la empresa coincidan con las que se requieren para una buena gestión, los responsables de recursos humanos y en general todos aquellos cuya responsabilidad gira entorno a cuestiones similares, se dirigen a la gestión del conocimiento en busca de herramientas y soluciones. Desgraciadamente, y a pesar de las esperan-zas que despierta el concepto básico de la gestión del conocimiento, su implementación está produ-ciendo resultados decepcionantes si se comparan con las promesas implícitamente contenidas en la teoría. ¿Es que sus principios son equivocados? ¿es la gestión del conocimiento una quimera teórica sin sentido práctico?

Nada de eso. La idea de optimizar la distribución del conocimiento en el entorno corporativo es válida, así como la esperanza que produzca valiosos beneficios. La comprensión del funcionamiento de la mente ha sido hasta hace poco muy vaga, lo que ha permitido la proliferación de multitud de teorías y explicaciones, que aunque más o menos ingeniosas, a veces se han convertido en verdades populares con el paso del tiempo porque a falta de una mejor comprensión de los hechos no han podido ser dis-cutidas eficazmente. Un ejemplo, es preciso reconocer que reforzado por cierto pensamiento filosófico, es confundir el conocimiento con la información. Aunque no se conoce todavía con precisión cual es la forma del soporte neuronal que adoptan los pensamientvs, si está bastante claro que se trata de una es-tructura que liga conceptos entre sí y con las estructuras de otros conceptos mediante multitud de co-nexiones. Por la naturaleza de las conexiones neuronales, que se supone son el soporte de las relacio-nes entre conceptos, estas pueden ser de intensidad variable en función de variables temporales y/o operativas. Es fácil comprender que la expresión hablada, escrita o de cualquier otro tipo del conoci-miento, solo puede ser un resumen muy incompleto de lo que este es, algo así como un subconjunto de este. El mismo conocimiento expresado en diferentes ocasiones acostumbra a producir una explicita-ción diferente, lo cual hace aún más evidente la diferencia entre conocimiento e información.

Lo que se conoce por conocimiento explícito o es conocimiento o es información. Pero no puede ser ambas cosas a la vez. El aceptar esta premisa y aceptar las consecuencias que ello implica, es de donde nace la mejor la posibilidad de llegar a comprender como hay que usar la información y cuales son los mecanismos por los que se produce el nuevo conocimiento. Que son precisamente las intenciones pre-ferentes de cualquier solución de gestión del conocimiento.

Toda esta insistencia en dilucidar si el conocimiento explícito es conocimiento o información no es un ejercicio teórico a dejar de lado si queremos ser prácticos. Por el contrario, saber lo más posible sobre lo que tratamos de manejar parece una condición ineludible si deseamos obtener buenos resultados. No es un buen consejo olvidarse de los hechos y proceder como si no existieran, como hace Steve Barth, que a pesar de decir: "Hay puristas que sostienen que si el conocimiento tácito se hace explícito cesa de ser conocimiento y pasa a ser información, y que la información solo se convierte en conocimiento cuando es aprehendida por la mente" sigue alegremente con su confusión entre conocimiento e in-formación, o peor aún, como el desconocido autor de "What is Knowledge… and How Can You Ma-nage it?" que después de reconocer que "estrictamente hablando, el conocimiento es algo que está en la cabeza y por tanto no puede ser gestionado en ningún sentido tradicional" recomienda al lector que "don’t worry about it" y asegura que en "en el círculo de la gestión del conocimiento, el conocimiento puede referirse a información registrada…".

La gestión del conocimiento, como cualquier otra actividad humana, solo podrá llegar a proponer mé-todos eficientes cuando las propuestas dejen de basarse en leyendas, sean urbanas o no.

Referencias
Barth, Steve. "Defining Knowledge Management". Knowledge Management, 19/06/2002. http://www.destinationkm.com/articles/default.asp?ArticleID=949

Nonaka, Ikujiro. "The Knowledge-Creating Company". Harvarvd Business Review, 1991.

Polanyi, Michael. Personal Knowledge. The University Press, 1974.

Polanyi, Michael. The Tacit Dimension. Anchor Books, Doubleday & Co, 1967.

"What is Knowledge… and How Can You Manage it?". The Knowledge Management Connection. http://www.kmconnection.com/what%20is%20knowledge.htm

Wilson, T.D. "The nonsense of ‘knowledge management’". Information, febrero de 2003. http://information.net/ir/8-1/paper144.html

Albert Calvet
Socio Director de Calvet, Vila & Arriaga Consulting
© 2005, Albert Calvet

 
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