
En e-learning corporativo, ¿se compra por precio, o por calidad?
Fecha Lunes, 13 diciembre a las 11:41:29 Tema eLearning
En e-learning, como en todo, hay que buscar una buena relación calidad-precio; pero sin dejar de ser conscientes de que si el aprendizaje no es eficaz, no sirve para nada, y además genera rechazo al método.
Denunciaban hace meses algunos proveedores de formación que sus clientes compran por precio y no por calidad, quizá relacionando este hecho con las quejas de los usuarios del e-learning. Aunque seis meses después no he encontrado más declaraciones al respecto de estos mismos proveedores, creo que una reflexión es oportuna. Sobre todo porque, en efecto, sabemos que algunos grandes clientes relativizan la importancia de la calidad de los contenidos on line ofrecidos. Por ejemplo, Carlos Pelegrín, de Telefónica de España, decía el año pasado: “Lo cierto es que los mejores resultados pueden alcanzarse con contenidos de calidad media, al tiempo que los contenidos excelentes no garantizan absolutamente nada, incluso pueden conducir al fracaso”. Este directivo de Telefónica niega, en un libro de 2003, que haya una alta correlación entre los contenidos y el triunfo del e-learning en las empresas. No hace falta recordar que Telefónica de España es uno de los principales clientes del sector del e-learning corporativo.
Hagamos, antes de seguir, una pequeña y breve retrospección sobre los proveedores de e-learning en nuestro país. Aunque ya hubo iniciativas bajo la etiqueta de “formación a distancia”, los proveedores de formación on line (e-learning) empezaron a asociarse en 2001, cuando se crearon Aefol (en Barcelona) y APeL (en Madrid). Estas iniciativas no incluyen a todos los proveedores, pero sin duda han contribuido a las difusión de este método de aprendizaje en nuestro país. No obstante, hace quizá un par de años empezó a hablarse del blended learning, como medio de asegurar la eficacia didáctica que no estaba consiguiendo el e-learning por sí solo. Parecía postularse que el e-learning fuera un método fijo, que se complementara con formación presencial en aula; pero también surgieron voces que, tras la experiencia acumulada, apostaban por la formación tradicional en aula, dejando al e-learning el papel secundario.
El e-learning parece pedir, en verdad, un cambio de rumbo, tendente a mejorar la satisfacción de los usuarios, por la vía de mejorar la calidad y eficacia de los contenidos on line ofrecidos. En este panorama algo entrópico, y pensando quizá en el outsourcing de la formación en las grandes empresas, surgió hace quizá unos seis meses el denominado “Círculo de Consultoras de Formación” (BearingPoint, Development Systems, Epise, Fycsa, Grupo Doxa, PricewaterhouseCoopers, Sogeti y Tea Cegos), que venía a ser otra especie de asociación de proveedores de formación, incluyendo contenidos y servicios de e-learning. El sentimiento aparentemente unánime de estas ocho consultoras es que se compra formación por precio y no por calidad, y algo deben saber al respecto. Hemos llegado, en efecto, al punto que proporciona título a estos párrafos míos: los precios y las calidades.
Entre los mensajes que estas consultoras lanzaban al mercado este verano pasado (2004), cabe señalar: “La formación se ha trivializado y se ha convertido en una commodity” (Mario Stofenmacher, de Tea Cegos); “La estrategia dominante es la reducción de costes” (Mariano Baratech, de Grupo Doxa); “Sólo se mide la satisfacción” (Leopoldo Boado, de Sogeti); “Los proveedores debemos convertirnos en socios estratégicos” (Juan Pablo Ventosa, de Epise); “No somos capaces de comunicar al cliente el valor que aportamos” (Miguel Ángel Rodríguez, de PricewaterhouseCoopers); “Parece que estamos en el buen camino y que empiezan a tener clasificados a los proveedores...” (José Manuel Fuentes, de Development Systems); “Es un buen momento (...) porque las cosas empiezan a mejorar...” (Ignacio Mazo, de BearingPoint); “España no está bien posicionada en términos de capital humano” (José Ignacio Díez, de FYCSA). Parece evidente que las cosas deberían cambiar, aunque no sabemos qué iniciativas ha desplegado este círculo de consultoras, en los últimos meses.
También en una entrevista publicada en expansionyempleo.com, algunos de estos proveedores de e-learning corporativo habían responsabilizado a sus clientes de los fracasos (“pinchazos”) de algunos proyectos. “Estos directivos no se dejan asesorar por las consultoras que contratan y, al final, pasa lo que pasa”, decía Díez, Consejero Delegado de FYCSA. Por su parte, Mariano Baratech, de Doxa, declaraba: “De nada vale tener una buena plataforma o unos contenidos excelentes, si no se cuidan otros factores como la motivación, la involucración de los mandos o la alineación con la estrategia de la compañía”.
De modo que, sin que me atreva yo a asignar responsabilidades, el hecho es que las cosas no parecían ir bien en el e-learning corporativo, por no hablar más de la insatisfacción de los usuarios, ya señalada en estudios al respecto (el de Santillana Formación, por ejemplo). Pero quería detenerme en esa importante denuncia de estas ocho consultoras: “se compra por precio y no por calidad”. Si al e-learning le falta calidad y eficacia, este hecho podría estar relacionado con la política de compras de las empresas.
El debate está abierto y no puedo yo desenredar la madeja. Pero creo que si el e-learning corporativo estuviera resultando ineficaz (como denuncian los usuarios), el presupuesto invertido sería dinero casi perdido, por muy barato que se hubieran comprado los cursos a los proveedores. En espera de lo que piense el lector, yo creo que si el e-learning no sirviera para aprender y mejorar el desempeño profesional, no haría ninguna falta. Es verdad que la eficacia de la formación presencial también se cuestiona, pero, al menos, la formación presencial parece servir a otros propósitos al margen del aprendizaje (salir unos días del puesto de trabajo y oxigenarse, establecer nuevas relaciones, intercambiar experiencias...).
Ya digo: mientras el lector opina, yo creo que debe concebirse un e-learning de calidad, a precio justo, que contribuya a un aprendizaje eficaz, autotélico y gratificante, al que los alumnos lleguen mediante motivación intrínseca, y cuyos resultados se aprecien en el desempeño. Si no, no haría falta el e-learning. Me he permitido abordar este tema porque yo mismo fui durante años diseñador de cursos on line para directivos, y el presupuesto me asignaba 10 horas de diseño por cada hora de curso. O sea, si había que diseñar un curso de liderazgo para directivos, de dos horas de duración, a mí, como docente, me asignaban 20 horas para guionizar el diálogo alumno-sistema; luego debía pasar mi archivo Word (textos, preguntas, respuestas, figuras, autoevaluaciones, etc.) a los tecnólogos de producción. Confieso que para conseguir que los alumnos me dijeran durante el seguimiento tutelar que el curso era ameno, yo había tenido que dedicar casi el triple del tiempo asignado (50 ó 60 horas, en vez de las 20 asignadas).
Mi impresión es que doblar la calidad y eficacia didáctica de un curso on line, sólo supondría un incremento del 20 ó 30% en el precio, pero ya habrán notado que hoy sólo pretendo provocar el debate al respecto. Gracias a quienes hayan llegado hasta aquí en su lectura.
José Enebral
Consultor de e-learning
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